Luis Santamaria Internet

Esta es una web PERSONAL y no refleja mi punto de vista profesional.

Despedida a una de las mentes artísticas más brillantes de todos los tiempos, Michael Jackson.

Hoy, 25 de junio ha fallecido Michael Jackson. Wao, me ha costado cerrar cnn.com. Quisiera que de pronto dijeran que no fue, que el rey respiró nuevamente, que aún le falta un tiempo para reunirse con Elvis y con Ledger, con Einstein y el Ché. Quisiera que no se acabe el día. Pero es inevitable que los minutos sigan. Así que me voy a la cama haciendo el moonwalk, mientras en el cielo brilla una nueva estrella; o tal vez sea un guante de diamantes, a la distancia.

Todos vamos a extrañar al Rey del Pop. Pero su partida nos enseña que todo lo bueno y bello de este mundo está allí por un tiempo perecedero. Lamento profundamente que a un joven artista con tanta energía, creatividad y precisión, con un corazón noble y bondadoso como Michael, haya tenido que vivir tantos malos momentos. Pero estoy seguro de que en su alma de niño en muchos momentos pudo también reir, compartir, disfrutar de la vida y amar, profundamente, a sus hijos, a sus familiares, a sus seres queridos e incluso a Dios.

No puedo. Me cuesta dejarle ir. Tal vez nunca lo logre. A quienes comprendan eso, mis sentidas condolencias hermanos y hermanas. Whoooo!.

Descansa en paz MJ. Hoy en el cielo se escuchan aplausos.

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El problema de la Percepción: Es más fácil Percibir que Analizar

Este texto está orientado a todas las personas, pero muy especialmente a gerentes de Mercadeo, Compras y Publicidad. Espero que les sea de utilidad.

perception.jpg¿Cuántos gatitos te han dicho que son leones?, ¿A cuántos verdaderos Leones consideraste pequeños gatitos?

Nuestra sociedad humana-capitalista-democrática está desbalanceada y eso es algo que todos saben. Todos se quejan del sistema pero nadie desea cambiarlo, y eso también es un hecho. Es más fácil echarle la culpa a las circunstancias que nos rodean que realmente hacer algo para cambiar nuestro rumbo y mejorar nuestra calidad de vida. De hecho, quienes lo hacen muchas veces terminan crucificados bocarriba como Pedro.

El problema se puede reducir en la mayoría de los casos al pequeño problema de la percepción “La percepción es todo, lo que los demás piensen de tí, es lo que realmente eres”.

De lo contrario, ¿Cómo es posible que un hombre solitario, enfermo y con problemas individuales de autoestima, pero con mucho dinero, sea considerado un hombre rico, mientras que otro que vive con su familia y sonríe cada día antes de irse a su trabajo como obrero de la construcción, sea considerado “Pobre”?

La Percepción es lamentablemente uno de esos valores manipulables que pocos saben administrar y que actúan en contra de quienes no saben cómo hacerlo.

¿Cuántos de los negocios exitosos que conoces son realmente un éxito? ¿Cuántas personas de las que consideras “normales” a tu alrededor, son verdaderos genios del mundo de los negocios, que acumulan grandes riquezas sin comentartelo?.

Luego de muchos años de trabajo he llegado a estas conclusiones porque sin importar cuan bueno haya sido tu trabajo, sin importar que tanto te esmeres y dediques, si quien ve su resultado no “PERCIBE” que es bueno, lo dejará pasar como si nada, como si no tuviese valor alguno.

En cambio, lamentablemente, si quien compra tus servicios es llevado psicológicamente a la “PERCEPCIÓN” de que son buenos y funcionales, gastará hasta su último centavo sin siquiera preguntarse si le estás o no estafando.

Este problema afecta de manera muy grave y costosa en el mundo de la publicidad. Las empresas pagan lo que sea por ser publicitadas en medios que sean percibidos por ellos mismos como exitosos, sin considerar que realmente el medio debe ser exitoso FRENTE A LAS MASAS, y no frente a grupos minoritarios.

La idea de que un medio de comunicación llega a un “Target” es básicamente la forma en que se vende PERCEPCIÓN a un(a) gerente de mercadeo de cualquier empresa, y luego de vender dicha PERCEPCIÓN, es demasiado fácil venderle una pauta.

Entonces las empresas invierten su dinero no en los resultados eficientes de una publicidad que realmente llega al mercado meta, sino en lo que ellos PERCIBEN como algo que logra ese objetivo.

Esto es prácticamente como si alguien rellenase una cáscara de BANANO con trozos de limón, y te vendiera la fruta como genuina. Si no la abres, si no la revisas, si no verificas que lo que trae dentro es lo que se supone que debe ser, ESTARÃS COMPRANDO LIMONES EN VEZ DE GUINEOS, y créeme, los limones JAMÃS serán guineos.

Por lo tanto, es importante superar el problema de la percepción para poder ejecutar nuestros puestos de trabajo como mercaderistas de una manera eficiente. Un verdadero mercaderista exitoso sabe la diferencia entre lo que es bueno y lo que se PERCIBE como bueno, y jamás debe caer en el error de subestimar un buen producto o servicio, al hacer juicios del contenido basandose en la apariencia de su cubierta, porque, señoras y señores, lo que realmente importa es lo que viene por dentro.

En lo persona creo que me mantendré trabajando duro en el contenido y fondo de mis ideas, en lo que realmente hay por dentro de lo que hago, y en los resultados que esto brinde, y dejaré que ESAS PERSONAS PERDEDORAS QUE LUCEN COMO EXITOSAS, sigan su camino, porque si hay algo que es cierto es que algo que el ser humano disfruta mucho de dos actividades muy similares: La búsqueda de la verdad, y la cacería de las mentiras, y siempre será mejor ser buscado, que cazado. +

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¿Cómo disminuir la publicidad subliminal en Panamá?

Alternativas para disminuir la publicidad subliminal en Panamá.
Por Luis Santamaría
Profesor: Hardeep Bhullar

Hoy día la mayor parte de la publicidad tiene algo de subliminal. Las grandes campañas de las transnacionales tienen un objetivo demasiado afilado como para ser demasiado honesto: Expandirse. La globalización impulsa a las macroempresas, y estas necesitan entrar a las naciones por la puerta grande, la puerta de los invitados, y no por la puerta de servicio por donde quienes sirven y proveen deberían entrar.

Por lo tanto no es de extrañarse encontrar a Coca Cola produciendo un comercial que implanta en la mente del consumidor pequeños mensajes subliminales por medio de imagenes relacionadas con el deseo de pertenecer de los mismos, o series de televisión como “Desperate Housewives†que explota el mismo tipo de música y narración que algunos de los clásicos de Disney que dieron forma a las mentes de quienes hoy son el principal blanco comercial de la televisión por cable. Ni que decir de la gran cantidad de formas de expresar éxito, tranquilidad y estabilidad económica, aumento del atractivo sexual y liderazgo que se prometen por medio de una botella de ron.

En Panamá, un país poderosamente influenciado por una de las sociedades más consumistas del continente, me refiero a la de Estados Unidos, el velo de la moral y el recato es fácilmente razgado por la publicidad subliminal, y, desde que entre nuestras costumbres no está el discutir o complicarnos la vida, incluso cuando detectamos que de alguna manera se está tratando a nuestro intelecto como si fuese el de un mosquito, no hacemos nada. Ya casi nuestra publicidad es una forma de propaganda local en la cual el público es capaz de soportar cualquier cosa, desde chicas en minifalda bailando al rededor de quien paga la botella de seco, hasta dos personas que se enamoran desde dentro de sus autos sin haberse visto nunca más allá de sus parabrisas ahumados. Somos un país de Andys Warhols de producción en masa que se miran a los ojos mientras piensan que “La Inspiración Es La Televisiónâ€, como si fuese su estrategia individual para “conquistar la cimaâ€.

De hecho disfrutamos de vivir en este limbo intelectual porque es seguro, caliente, comprensivo y práctico. Si triunfas, es porque te superaste. Si fracasas, ¡puedes volver a levantarte!. Si pecas, pide perdón y listo. Y de esta misma manera permitimos que de manera subliminal el sistema de comercio que drena de nosotros la sangre verde, rica en glóbulos “dolar†que le permite subsistir, estructure nuestra vida como si todos fuésemos iguales, como si el ser humano, a quién cuidadosamente se ha clasificado cual ganado en clases sociales y países de distintos “mundos†hubiese sido creado para repetir el mismo ciclo de vida una y otra vez; como si Adán y Eva fuesen un mito ridículo que se le cuenta a los niños, y Chares Darwing no más que un personaje de cómics muy famoso y elaborado. “Cumple tu sueño de tener casa propiaâ€. “Porque la vida es ahoraâ€, y olvídate del ahora que tengas mañana, ni que decir del ahora de quienes se enfrenten a estos retos luego de nuestro tiempo.

La publicidad subliminal ya no utiliza sólo el sexo para comunicarse. ¿Por qué conformarnos con un sólo área del cerebro del consumidor si podemos explotar hasta sus nervios?. La publicidad subliminal se encuentra ahora en los productos que satisfacen el ego, aquellos que suplen el deseo de lucir superior o al menos a la altura, los que nos aislan unos de otros generando la enfermiza y contraproducente fantasía de la “individualidadâ€, como si los grandes cambios sociales del ser humano no fuesen producidos de la misma forma en que se produce miel en una colmena.

Existe publicidad subliminal en las cajas de cereal, en las pancartas de los políticos, en los comerciales actuados de la televisión y en el noticiero de las 12 del día. La publicidad nos rodea prometiendonos mejores sensaciones, y cuando no las obtenemos simulamos haberlas recibido, para encajar en el perfil “aceptableâ€, que el sistema de comercio y expansión del que he hablado nos impone por medio de las “Reglas Socialesâ€.

Considero que la publicidad subliminal es algo que de lo que el ser humano disfruta, y no existe forma de disminuirla sin perder en este macabro juego de pasarse la pelota en el cual la propia pelota es el cerebro del ser humano. Una de las primeras cosas que aprendí cuando estuve a cargo del proceso de venta de un producto es que los consumidores en masa están indefenzos, y sólo una mente moral puede protegerlos, si es que esto es aplicable.

Por lo tanto creo que para reducir la publicidad subliminal en Panamá lo primero que debe hacerse es romper el dogma de la cultura light, y lograr que la masa reaccione ante los llamados a gritos de su propia consciencia de grupo. De lo contrario el único idioma que hablarán los consumidores panameños es el idioma de la compra indiscriminada de los productos y servicios que se les vendan con promesas, con alabanzas y con pequeñas e infames propinas de dignidad, a las cuales parecen haberse acostumbrado.

Me refiero a crear publicidad inocente, aquella con la cual vendíamos un vaso de limonada a nuestros amiguitos en la acera de frente a la casa de nuestros padres. Utilizar el arte gráfico que aprendimos cuando de niños le obsequiamos una tarjeta hecha a mano a nuestra madre el 8 de diciembre, y explotar fondos musicales que vengan más de nuestra voz inadecuada y disonante, que de las voces estereotípicas que nos venden las disqueras.

Se trata de volver a lo básico, al simple apretón de manos, a cerrar un contrato con un escupitajo y a darnos un abrazo para saber que el otro no porta armas, y suficiente con eso. Mostrar en nuestra publicidad lo que vendemos, y dejar que sus virtudes y defectos sean compatibles con las necesidades y tolerancias del consumidor.

Más allá de simplemente ser lo que somos, todo es publicidad subliminal, hipocresía y mentiras, el producto de un capitalismo que parece querer devorarnos, desdeñando nuestro potencial de intoxicación.

Y nosotros los buenos publicistas podemos ser una merienda muy intoxicante.

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¿Qué es un Alibombo?

Este mítico ser de la canción de Enrique y Ana, que luego fue cantada por las payasitas Ni Fu Ni Fa, no ha recibido una definición adecuada así que me adelanto:

Alibombo:

Es una especie de ser gomoso, que flota y generalmente lo hace a la misma altura que lo haría una cometa. El alibombo es de forma irregular pero siempre tendiendo a la imagen cúbica o cuadrangular, con todos sus lados un poco inflados ya que su composición y contextura es suave, como la de los muñecos rellenos de semillas de arroz. Además es bastante elástico. Se supo de un alibombo que se enredó en la parte superior de un tren del metro, y el techo del tunel, y se estiró casi medio kilometro antes de ser disparado como una liga. Apareció unos 500 kilometros más lejos. Lo priero que dijo fue “FIU! lo repetimos!”.

Los alibombos son de los mejores mimetizadores del planeta tierra. No me gusta encapsularlos en el reino animal porque de hecho el alibombo tiene partes biomecánicas y alguno que otro circuito de memoria.

Existe una población de casi tres cuartos de billón de alibombos en la tierra. No se sabe cuántos habá en otros planetas, o en la luna, ya que pueden vivir sin aire (cosa que le daría mucha envidia a Fer, de Maná).

Por su capacidad de mimetismo, el alibombo no puede ser visto por las personas con facilidad. Nuestros ojos se desarrollan y luego de los cinco o seis años, ya dejamos de percibirlos con claridad. Aunque a veces los puedes ver dependiendo de la presión y temperatura. Puedes ver alibombos en el cielo cuando vas en un avión, o cuando caes en una montaña rusa, es posible verlos ya que se agrupan en la parte de abajo de las caidas, por si alguien se sale del carro, que no se golpee muy duro.

Ya que los veas cuando niño o cuando estés en estos posibles lugares, son muy bonitos y siempre te sonríen. El alibombo cambia de color con la edad. Los más jóvenes son casi transparentes, del color del cielo. Las damitas alibombo son rojas brillantes y a veces verde. Y los chicos alibombo son famosos por su color azulo añil, pero la moda ultimamente es pintarse de purpura. Creo que es algo así como hip hop alibombano.

Algunos alibombos se han mezclado con los seres humanos y han tomado forma de bufandas, sacos, según leí en el diario internacional “The Alibomban Journal”, uno de los zapatos que le tiraron a Bush en Irak era realmente un alibombo Iraquí muy enfadado por la guerra.

Bueno en fin, ya saben lo que son, déjenlos en paz y si los ven saluden, nada le gusta más a un alibombo que un guiño y una sacudida de manos. Excepto por un buen paquete de malbas, pero esa, esa es otra historia.

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Panamá de rodillas frente a la mercadotecnia de Latin American Idol

En Panamá hay pocas cosas seguras. Ni siquiera el “SEGURO” Social ofrece mucha seguridad. No podemos asegurar nuestra confianza en los partidos políticos, y mucho menos en los productos de la tienda del chino.

Sin embargo algunas cosas mantienen cierta confiabilidad. Una de ellas es que si Usted sale a la calle y le pregunta a cualquier ciudadano que ande a pie por la acera, ¿Cómo anda la economía nacional?, esa persona va a contestarte MAAAAAL!!!!, ESTO CADA DÃA ESTà PEOR!!!, CADA DÃA EL POBRE ES MAS POBRE Y EL RICO ES MÃS RICO!!!. Es muy posible que no recuerde el Padre Nuestro, o el Himno Nacional, pero esta cantaleta nunca la olvidan y así.

Sin embargo, aunque así estén las cosas, hoy podemos apreciar como una campaña creada por unas cuantas mentes brillantes del mercadeo y movida por la propia gente que encuentra que los gobiernos son malos y que la situación va de mal en peor, llena los bolsillos de los organizadores de Latin American Idol, explotando el deseo de ser y pertenecer de las personas, olvidado y subestimado por la mercadotecnia durante décadas.

LLAMA YA AL NUMERO TAL Y SALVA A TU IDOLO!!. Luego de explotar a toda latinoamérica (PARA ABSOLUTAMENTE NADA YA QUE LOS OTROS CONCURSANTES FUERON ELIMINADOS), la guerra se reduce a República de Panamá (nuestro terruño) y Costa Rica, nuestros estimados vecinos.

Y como si se tratase del riñón enfermo de un niño de 8 años, o la reconstrucción mamaria de una mujer de 30, el pueblo se ha volcado a realizar llamadas cuyo valor no será donado a nadie, ni slavará vidas, ni alimentará a los hambrientos, o construirá viviendas para que nuestros hijos vivan en ellas, en tiempos en que la seguridad alimentaria de generaciones es un tema de discusión para el futuro inmediato, pagamos millones de dolares en favor de ¿qué?… es que todos perdieron la perspectiva del sitio al cual estan enviando su dinero.

Es como un acto de prestidigitación en donde con una mano (Las dos cantantes) nos distraen, mientras con la otra nos quitan nuestro dinero (la llamada), y nos mantienen asombrados y con la boca abierta, con un escenario bonito, tres jueces escandalosos (que carecen de función alguna) y sí, dos talentosas muchachas que són lo único de honesto y sincero que tiene todo esta macabro espectáculo.

En un mundo perfecto, Margarita se retiraría hoy mismo del concurso, y daría la espalda a ese premio que por derecho propio ya le pertenece, demostrando así la insignificancia del mismo frente a su demoledor talento, y convirtiéndose al mismo tiempo en la heroína de su pueblo al impedirle el gasto innecesario de cientos de miles y quizás millones de dólares en llamadas de dinero que al fin y al cabo terminarán en algún banco japones y no en sus bolsillos.

Pero este no es un mundo perfecto, y así, ni Margarita verá el valor de sacrificar el lujo y esplendor que el camino ancho de Sony le ofrece, ni el pueblo panameño vería el valor de que una simple persona le enseñe el verdadero significado del sacrificio.

Así es de simple. Una vez terminado este ridículo acto de “magia”, nuestro dinero estará en otro lugar, y lo único que la masa mediocre tendrá será el triunfo individual de una persona, con la efervescente sensación de propiedad sobre el mismo por parte de cada uno de aquellos que levantó su teléfono e “Invirtió” aproximadamente un dólar en conseguir su logro.

Gran logro.

Así que ahora, págale a Sony con tus llamadas para lograr el triunfo de Margarita. Nadie dio un centavo por Rabanes cuando tocaban por guaro en cualquier tugurio, y allí están los héroes chitreanos en toda Latinoamerica. Nadie dio un centavo cuando Rubén Blades comenzó a trabajar en la mensajería de Fania, y Pedro Navaja ha recorrido el mundo SIN LLAMADAS. ¿Es ese el triunfo que le damos a nuestra Margarita?

Panameño y Panameña: Acuerdate que Panamá somos todos, y si a todos nos engañan, están engañando a Panamá.

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Bohemian Rapsody en Guitarra.

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La Última Pregunta —- Isaac Asimov

“La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:
Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso —kilómetros y kilómetros de rostro— de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.
Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.
Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia, había una cantidad limitada de ambos.
Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.
La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación —de un kilómetro y medio de diámetro— que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.
Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.
Se habían llevado una botella y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.
—Es asombroso, cuando uno lo piensa —dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior—. Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.
Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.
—No para siempre —dijo.
—Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.
—Entonces no es para siempre.
—Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.
—Veinte mil millones de años no es «para siempre».
—Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
—También la superarán el carbón y el uranio.
—De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.
—No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
—Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros —dijo Adell, malhumorado—. Se portó muy bien.
—¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años pero, ¿y luego? —Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro—. Y no me digas que nos conectaremos con otro sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
—Piensas que nos conectaremos con otro sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?
—No estoy pensando nada.
—Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.
—Entiendo —dijo Adell—, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.
—Por supuesto —murmuró Lupov—. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, las gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
—Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía —dijo Adell, tocado en su amor propio.
—¡Qué vas a saber!
—Sé tanto como tú.
—Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
—Muy bien. ¿Quién dice que no?
—Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste «para siempre».
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
—Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
—Nunca.
—¿Por qué no? Algún día.
—Nunca.
—Pregúntale a Multivac.
—Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.
Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aún después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del Universo?
Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron seis palabras impresas:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
—No hay apuesta —murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.
A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.

Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en la pantalla mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.
—Es X-23 —dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.
Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
—Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado…
—Tranquilas, niñas —dijo rápidamente Jerrodine—. ¿Estás seguro, Jerrodd?
—¿Qué puedo estar sino seguro? —preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la nave.
Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.
Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave.
Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el «ac» al final de «Microvac» quería decir «computadora análoga» en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.
Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.
—No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
—¿Por qué, caramba? —preguntó Jerrodd—. No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. —Luego agregó, después de una pausa reflexiva—: Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.
—Lo sé, lo sé —respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
—Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
—Eso creo yo también —repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.
Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias.
Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.
Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como la AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.
—Tantas estrellas, tantos planetas —suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos—. Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
—No siempre —respondió Jerrodd, con una sonrisa—. Todo esto terminará algún día, pero no antes que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.
—¿Qué es la entropía, papá? —preguntó Jerrodette II con voz aguda.
—Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del Universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkie-talkie, ¿recuerdas?
—¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
—Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
—No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
—Mira lo que has hecho —susurró Jerrodine, exasperada.
—¿Cómo podía saber que iba a asustarla? —respondió Jerrodd también en un susurro.
—Pregúntale a la Microvac —gimió Jerrodette I—. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.
—Vamos —dijo Jerrodine—. Con eso se tranquilizarán. —(Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también).
Jerrodd se encogió de hombros.
—Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
—Imprimir la respuesta.
Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
—Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
—Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar. —Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba cerca.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
—¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
—Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas perfectas.
—Sin embargo —dijo VJ-23X—, me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.
—Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
—El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.
—Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años…
VJ-23X lo interrumpió.
—Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
—Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La AC Galáctica nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras cuestiones.
—Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.
—En absoluto —saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato—. No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
—Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
—Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el Universo conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
—Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.
—Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.
—La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, sólo nuestra propia galaxia gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas.
—De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.
—Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.
—¿O con calor disipado? —preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
—Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a la AC Galáctica.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su interfaz AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
—No me faltan ganas —dijo—. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeña interfaz AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran AC Galáctica que servía a toda la humanidad y, a su vez, era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver la AC Galáctica. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la AC Galáctica tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente, MQ-17J preguntó a su interfaz AC:
—¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
—Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.
—¿Por qué no?
—Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
—¿Hay árboles en tu mundo? —preguntó MQ-17J.
El sonido de la AC Galáctica los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en la interfaz AC en el escritorio. Dijo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
VJ-23X dijo:
—¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes. ¿Alguna vez las vería todas?
Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.
¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco lugar en el Universo para nuevos individuos.
Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.
—Soy Zee Prime. ¿Y tú?
—Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
—Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
—Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
—Porque todas las galaxias son iguales.
—No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
—¿En cuál?
—No sabría decirte. La AC Universal debe estar enterada.
—¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.
Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.
Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
—¡AC Universal! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La AC Universal oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la AC Universal se mantenía independiente. Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a distancia sensible de la AC Universal, y sólo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
—¿Pero cómo puede ser eso toda la AC Universal? —había preguntado Zee Prime.
—La mayor parte —fue la respuesta— está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.
Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día —y eso Zee Prime lo sabía— en que algún hombre tuvo parte en construir la AC Universal. Cada AC Universal diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.
La AC Universal interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.
Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.
«ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.»
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:
—¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La AC Universal respondió:
«LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.»
—¿Los hombres que la habitaban murieron? —preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.
La AC Universal respondió:
«COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FÃSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.»
—Sí, por supuesto —dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
—¿Qué sucede?
—Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
—Todas deben morir. ¿Por qué no?
—Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.
—Llevará billones de años.
—No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡AC Universal! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
—Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.
Y la AC Universal respondió:
«TODAVÃA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.
El Hombre dijo:
—El Universo está muriendo.
El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.
El Hombre dijo:
—Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la AC Cósmica, la energía que todavía queda en todo el Universo, puede durar billones de años. Pero aún así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.
El Hombre dijo:
—¿Es posible invertir la tendencia de la entropía? Preguntémosle a la AC Cósmica.
La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible para el Hombre.
—AC Cósmica —dijo el Hombre—, ¿cómo puede revertirse la entropía?
La AC Cósmica dijo:
«LOS DATOS SON TODAVÃA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
El Hombre ordenó:
—Recoge datos adicionales.
La AC Cósmica dijo:
«LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.»
—¿Llegará el momento —preguntó el Hombre— en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?
La AC Cósmica respondió:
«NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.»
El Hombre preguntó:
—¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?
La AC Cósmica respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÃA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
—¿Seguirás trabajando en eso? —preguntó el Hombre.
La AC Cósmica respondió:
«SÃ.»
El Hombre dijo:
—Esperaremos.
Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que sólo incluía los vestigios de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.
El Hombre dijo:
—AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al Universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÃA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre.
Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.
Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.
Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta —por demostración— se ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.
Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el caos.
Paso a paso, había que hacerlo.
Y AC dijo:
«¡HÃGASE LA LUZ!»
Y la luz se hizo…”

F I N

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Para que pienses en qué tan importante es el dinero que llevas en los bolsillos.

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Arte Impresionante e Inspirador

www.Tu.tv

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PRESIDENTE: SACRIFICATE, PERO QUE NO SE RIAN MAS DE PANAMÃ

Esta mañana del 17 de junio de 2008 ya no puedo esperar más para aportarle algo a mi ciudad. En plena “bonanza inmobiliaria”, los panameños seguimos viendo solamente un aumento desmesurado en los costos de vida y la caída en picada de nuestras infraestructuras, de nuestros sistemas más elementales como lo es el transporte, y la somera capacidad del estado de mantener una seguridad alimentaria al menos a mediano plazo, o de garantizar la educación de los miles de panameñitos que aún hoy estan esperando aulas libres de fibra de vidrio, por no mencionar las deficiencias que quienes estudiamos en escuelas públicas, conocemos muy bien.

Y es que la canasta básica está cara queridos lectores y amistades. Tan cara, que en Panamá nos hemos acostumbrado a desayunar MALAS NOTICIAS, por ejemplo, en el menú del día de hoy, la forma TURBIA en que se maneja el desarrollo de la cinta costera, la cual a pesar de que ha sido hecha de piedra y concreto, puede ser maleada a voluntad por los más grandes intrusos de nuestra bahía de Panamá, el Hotel Miramar y el Club de Yates y Pesca, quienes a pesar de ni siquiera tener derechos suficientes para su permanencia en la zona, básicamente se han convertido en los mayores beneficiados de este proyecto que se nos ha impuesto y PUNTO.

Mientras Usted y yo tenemos que escuchar el INSULTO de que en nuestra ciudad el metro cuadrado de vivienda supera los mil balboas, estas empresas alquilan (en perjuicio de nuestro disfrute de la vista del mar) a un máximo de cuatro (sí 4) centavos por metro cuadrado. ¿De qué nos sirve la prosperidad inmobiliaria si nuestra propia ciudad no puede valorizarse frente a este tipo de inversiones?. Como dice hoy en La Prensa el Arquitecto Alvaro Uribe, Urbanista: “La Ciudad de Panamá cada vez vale más. Esa frase, salida de los anuncios de la pomoción inmobiliaria, parece no haber llegado a los oídos de nuestros gobernantes. Por eso es necesario repetirla continuamente, porque un siglo después de la mayor concesión de todas, aquella que hicimos a perpetuidad, hemos vuelto a las andadas.”

Como mis fieles lectores y lectoras conocen muy bien, trato de mantenerme al margen de opiniones que enturbien la neutralidad de un tema tan delicado como lo es la salud, el cual publico a diario. Sin embargo, en este caso la neutralidad se perdió hace tiempo, cuando a los panameños nos quitaron la hermosa vista del mar desde la avenida Avenida Federico Boyd; cuando los panameños hemos comenzado a parecer extranjeros en nuestra propia tierra, como si fueramos nosotros quienes debemos pagar tributo a quienes compran con dinero de segunda nuestra identidad.

No soy neutral y estoy observando, y mucha gente está haciendo lo mismo.

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